dormido

El sudor helaba mi espalda como la escarcha, la sangre se aceleraba en su camino a mi cerebro. Mientras mis músculos se tensaban eyectándome de la cama, la visión de lo que acababa de soñar se hacía más clara: Había visto el futuro.

Intenté afirmar mis rodillas, pero mi cuerpo se deshacía en una masa heterogénea desparramada en el suelo.

He logrado arrastrarme bajo la cama, cubierto de sudor, lágrimas y otros fluídos; espero poder dormir otra vez.

 

Fuego inquisidor

Mientras baila, deshace en pequeñas tiras el vestido de novia heredado de su madre, que antes había pertenecido a su abuela y a todas las mujeres de la historia. Sus pies arden como brasas; la muchedumbre la rodea con ojos halógenos. Gira, rasga un pedazo de tela, se consume. Gira otra vez, rasga otro pedazo de tela, se consume. La muchedumbre se vuelve masa uniforme, los ojos y los índices restando espacio a la danza. El mar de combustible humano se enciende a su alrededor, con ella como punto de ignición.

Ahora, nada.

,

Noche profunda

Ocultas en la ciudad del adobe

las locuras se refugian de la realidad.

Amparadas por las velas vivientes

despliegan sus alas y tentáculos,

con las lenguas rozando las conciencias

frutales sabores tienen las experiencias.

 

Dejando caer los pesados ropajes,

peregrinxs de todos los astros

se amalgaman en el calor de las historias.

Perdida entre las risas pueriles

la danza de calendarios sin número

se eleva hasta enterrarse en las almas que la acogen.

 

 

Arrullo

Descansa, niño perdido,

las divinas culpas ya no pueden alcanzarte.

Los apéndices no serán más cadenas,

ni el pensamiento juicio.

 

Duerme, hijo de David,

de noche las estrellas arderán para ti.

Arrópate entre las almas sagradas

de los gritos furiosos del mundo.

 

Ya no habrá candado ajeno que bloquee tus accesos,

bienvenida de una nueva era.

Despliega los retazos de tus corrientes eléctricas

y libera los químicos prohíbidos.

 

Ahora descansa, mi niño amado;

las siluetas deformes ya no podrán tocarte más.

Masticado y regurgitado

Rugiste que los hombres no lloran

con la verga llena de ignorancia en la mano,

secaste mis lágrimas con tus cuentos de martillos

y fantasías de domingos futboleros.

 

Bramaste maricón

invocando las pesadillas bíblicas.

Me eseñaste a no ser hermano

de los trofeos históricos.

 

Me forjaste arma, conquistador de coños,

maestro reparador,

excelentísimo competidor.

Ciego soldado sediento de separación.

 

Erecté banderas con tu nombre

y eyaculé tus verdades sobre las caras inocentes.

Me bajé los pantalones y porté con orgullo

antiguos estandartes de miedo y odio.

 

Me volví ira nauseabunda,

veneno invisible navengando alrededor de monolitos eternos.

Incineré mis tripas y me volví cenizas.

 

Escapé cuando volteaste la mirada

esquivando tus apéndices de fantasmas iracundos.

Entonces fui campo florido,

rabia contenida y amor fraterno.

 

Hoy soy resistencia de verdades reveladas

mientras tu reino me pisa las razones,

¡ay de las maravillas que ofrece tu corona de brujas quemadas!.

Hijitas e hijitos de Lilith que hoy estallan en orgasmos de guerra.

 

 

 

 

Garúa

Remolino bestial

de pétalos libertarios,

deconstruyes la ciudad abandonada

con giros de espejos multicolores.

 

¿Es ira, es rabia o enojo?

¿Es amor, cariño o cuidado?

Las arcadas astrales rompen mi garganta.

Vomito dudas y temores.

 

Me acerco con paso firme

con mi carne volviéndose papel lustre

que se vuela y mezcla con los vidrios.

 

Soy niebla escarlata,

garúa marchita sobre los parques.

Evidencia de la civilización de lo que me niego a reconocer.